9/5/11

Super POP R.I.P.


Pintada de protesta. Está claro.

La nostalgia es una perra traicionera. Una bruja más bien, capaz de conectar dos puntos en el tiempo y alterar tus propias convicciones. Ríete de las retrocontinuidades del Universo Marvel, tu propia nostalgia es peor que Bendis y Straczinsky de borrachera. Y te prepara peores momentos que esas fotos de tu comunión que tu madre se resiste a quitar del cuarto de invitados...

Voy por partes que, como notaréis, hoy estoy un poco oxidado. Esta mañana por boca de una hipster histérica y pre-crisis de los 30 (es muchas cosas peores pero no quiero ensañarme ahora) que me ha tocado aguantar como compañera de trabajo me entero de que la legendaria revista Súper POP ha muerto. No es esta página amiga de los obituarios (que por otra parte garantizan entradas para tu blog casi a diario [anotad, bloggers mercenarios]) pero con la revista de marras servidor ha tenido desde su mas tierna infancia hasta nuestros días una relación de amor-odio. Al final resulta que no cierra del todo y que va a mantener su edición digital y que la tocina en cuestión que me amarga día sí día también vociferando todo lo que hace y deja de hacer y lo trendy (¿se sigue diciendo trendy?) que es su existencia no es capaz ni de leerse las noticias completas con lo que entiendo que el resto de aseveraciones en voz alta que realiza acerca de los grupos de mierda-pop-modernos de los que es fan y de los twitteos TAN ingeniosos que se le ocurren #encadamomento son todo la misma bola de mierda insulsa que resulta ser, finalmente, su propia existencia. Espera como agua de mayo el reality de esa chica Almodovar que presentaba La Bola de Cristal.

Volvamos al tema.

1992 (es posible). 5º o 6º de EGB. Super POP era la representación tangible del MAL. La revista de las niñas pijas y tontas de mi clase. Los chicos, como tipos duros y sin sentimientos que éramos, rechazábamos en bloque las cursiladas esas de los Take That, los New Kids on the Block y ese mundo de brillitos, colorido y demás sandeces. Todo lo que representaba esa revista, el fenómeno fan, el histerismo, las chuminadas chachiestupendas... puajj... LO PEOR. Odiábamos, por tanto, esa revista que era... ehm, para niñas. Es posible que odiáramos más el hecho de que esas mismas niñas que empezaban a parecernos monas le hicieran más caso a unos guaperas británicos/estadounidenses que les susurraban ininteligibles cosas en inglés por el walkman que a nosotros que, con la mejor de las intenciones, les arrojábamos barro en los recreos y les poníamos los motes más ingeniosos que se nos ocurrían. Es posible pero ¿qué sabe uno de la psicología humana?


He elegido esta portada porque... ¡había un grupo llamado MAGNETO!

A partir de ahí en varias ocasiones ataqué duramente la revista. Sobre todo en esos debates tontos o simulacros de juicios (en serio) que hacíamos en clase. Mi pedantería no es flor de un día amigos... Quizá las líneas que mejor desarrollé (es un decir) fueron dos: eran revistas destinadas a un público infantil que camuflaban contenido adulto (y sin hablar de Nuevo Vale... ¡cuanta inocencia!) y que bajo la apariencia del fenómeno fan se escondía una revista de cotilleos que te conducía, en una espiral sin control, a ser una maruja de mayor. Es decir, empezabas leyendo Super POP y de ahí a la Pronto, el Lecturas, el Hola y pasar tus mañanas viendo a María Teresa Campos sólo había un paso. Aquello era el MAL de manera demostrada: convertirte en una maruja cotilla sin oficio ni beneficio era lo peor que te podía pasar. Cuando recuerdo a Forfy Jr. pienso en lo conveniente que hubieran sido un par de collejas bien dadas en su día, pero también me hacen gracia cosas como esta. Al menos no terminé escuchando Viceversa que creo que es una de las peores cosas que puede hacer una persona en su sano juicio.

Años después y con la excusa de hacer el ganso he comprado Super POP miles de veces. Me gusta estar en la playa haciendo sus test de superamistad y esas cosas. La he regalado a miles de amigas mías en cumpleaños y siempre nos echamos unas risas a su costa. Ellas porque eran lectoras, yo porque la odiaba, pero todos por nostalgia. Las veces que la he ojeado recientemente me ha parecido terrible, con esos niñitos Disney guardianes de la nueva moral pululando a sus anchas y extendiendo sus maléficos tentáculos. De los mormonazos de Crepúsculo mejor ni hablar. Vista con perspectiva y con una edad me parece incluso peor de lo que la recuerdo. La base es la misma (el primer escalón al infierno marujil para las pequeñas chonis) pero los tiempos cambian y los nuevos supervillanos me parecen bastante peores. ¡Si incluso tienen anillos de poder (de castidad, dicen) como si fueran del Universo DC! Quien me iba a decir que iba a echar de menos a los Backstreet Boys o a Take That (con los que me reconcilié años más tarde: Beautiful World me parece un discazo). Que iba a pensar que el rollo de las Boys Bands era más honesto que esos Jonas Brothers que "rockean" y telepredican al mismo tiempo.

Hoy he ido al kiosko a hacerme con el último número en papel. No tengo pensado abrirlo. Lo pondré por 1.000 € en eBay dentro de unos años. Me ha encantado la portada: "Destapamos el lado oscuro de los famosos".


Nunca dejó uno de aprender con esta revista...

1 comentario:

  1. La Super POP me recuerda a esos insufribles posters de Luke Perry, ese "adolescente de 30 años" que volvía locas a las jovenzuelas como mi hermana.

    Y qué decir de Take That: guachigua, guachigua, guachiga forgo

    Es una pena no disfrutar en papel cuché de la próxima entrevista del niñato ese de Justin Biebber.

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