25/6/11

La revolución y nosotros, que la quisimos tanto

La Casa del Libro me envía un correo con una selección de 40 libros para indignados. Aquí los tenéis, por si queréis echar un vistazo. La culpa es mía por apuntarme a todas las newsletters de libros que tengo a tiro (sueles obtener descuentos interesantes) pero tampoco es algo que me ofenda expresamente... esta vez.



¿Oportunismo? Todo el del mundo, todo ese oportunismo que tanto me gusta señalar con el dedo acusador desde esta página que también se rinde a las modas y lleva secuestrada ideológicamente desde el #15M. Muchos están haciendo su agosto particular arrimando el hombro a esta causa tan chachi que es indignarse por las cosas, ser reaccionario tiene su porción de mercado y en tiempo de crisis hay que pelear por cada trozo del pastel con fiereza. Que se lo digan a Leopoldo Abadía su crisis ninja y los lumbreras de sus discípulos. Uno diría que esta panda de mediocres urdió el plan entre sombras para dinamitar la economía mundial y ponerse a vender como locos sus libros de soluciones a posteriori, bocachancladas y obviedades de baratillo.

Pero esta vez, como os digo, no me parece mal del todo. Creo que hay mucha carencia de base (por mi parte toda la del mundo) y algo más de conocimiento, información e historia no puede hacer mal a nadie con dos dedos de frente. También me indignan todos esos idiotas que se agarran a los cuatro slogans estándar y cacarean como pollos, abrazados a una utopía llena de fisuras porque no son capaces (o no se han molestado) en analizar y comprender el contexto social en el que viven. Gente que es capaz de salir a manifestarse pacíficamente, perfecto, pero que luego no mueve un solo dedo para instar el cambio de status quo que, en teoría, tanto ansía.

Hay además un problema colateral en el ideario de partida. Me abrió los ojos una conversación que tuve con Francisco Javier Pérez, gran amigo y poco menos que un visionario para mí. Indignados, de Stéphane Hessel, puede haber prendido la mecha, pero no es lo suficientemente consistente para ejercer como punta de lanza. Aunque celebro que su proclama pacifista haya latido (siga latiendo) con fuerza, el texto es muy blandito. En el buen y mal sentido de la palabra, por mi parte me quito el sombrero ante algo que ya dije: Hessel, a sus 90 años y sin dejarse lastrar por su pasado, es capaz de dirigirse con coherencia y respeto a una juventud actual que no ha vivido en sus carnes los horrores de la guerra ni sabe bien qué hacer para mostrar su descontento con el sistema actual. No obstante debemos hacer algo más que etiquetar un movimiento con el título del ensayo. El mismo debe ser el primer escalón hacia otros autores, hacia otras propuestas, hacia otras formas de actuación. No dejemos que Indignados sufra el hype de los media ni que se convierta a Hessel en una estrella del rock, no nos hace ninguna falta eso. No queremos una nueva foto del Che para que, desde la desinformación y el cinismo, se nos vendan camisetas y posters.

Aquí es cuando vengo yo, desde la ignorancia más absoluta, a aportar un pequeño granito. Creedme si os digo que lo que me gustaría es miraros por encima del hombro y mesarme las barbas con risa socarrona mientras pongo a prueba vuestras carencias. Pero estoy más cerca de los necesitados de información con urgencia, por lo que si una consecuencia de esta etapa es la proliferación de libros que al menos me hagan plantearme mi forma de ver las cosas, bienvenida sea. Mi recomendación es graciosa y contradictoria: entre todos los libros que pude escoger aquel día, La revolución y nosotros, que la quisimos tanto se vino a casa porque el título me llamo la atención. Es el efecto colateral de enfrentarte a una montaña de libros cuya temática te atrae sin conocer suficientemente a ninguno de los autores. ¿Puedo decir en mi defensa que ojeé la contraportada antes y sentí que era lo que necesitaba leer ahora mismo?



La revolución y nosotros, que la quisimos tanto (1986) recopila una serie de entrevistas realizadas para un documental por Daniel Cohn-Bendit, líder de las revueltas estudiantiles de Mayo del 68 y actualmente eurodiputado por Los Verdes, a personalidades que lideraron o participaron en diversos movimientos revolucionarios en la década de los 70. Si eres un indocumentado como yo es posible que sólo conocieras a Daniel (a.k.a. Danny el Rojo, en sus apogeo anarquista) por este video, que fue bastante comentado en su día. El valor del libro es que plantea la revolución después de la revolución, la resaca tras el ruido, la furia y el paso de los años. Hay un mensaje implícito que se sustrae de su conjunto: el inconformismo, la pulsión de cambiar la sociedad, queda planteado como una reacción inherente a la juventud, una rabia que irremediablemente se atenúa con el paso del tiempo. El propio Daniel realiza este documental en un proceso interno de "domesticación", de abandono definitivo de su ideario radical como paso previo a formar parte de la clase política. Si en esta transición hay coherencia o una bajada de pantalones es algo que dejo a juicio de mis avezados lectores.

Afortunadamente no sólo estamos hablando de un ejercicio de exorcismo personal por parte del autor. Es precisamente su posición la que define, para bien, el nervio de la obra. Se agradece la falta de objetividad de su planteamiento, Daniel aprovecha el margen de actuación que le da el moverse en un terreno de sobra conocido y por ello intenta siempre meter el dedo en la llaga, cuestionar a sus interlocutores, la mayoría de ellos antiguos conocidos o compañeros de fatigas. El libro se hace insuficiente en cuanto que cada uno de los entrevistados daría para un solo volumen, pero el crisol de opiniones, la mezcolanza de experiencias allí reunidas, no deja indiferente.

El resultado final es, a mis ojos, un poco agridulce, pese al esfuerzo de Daniel por presentar la vía democrática como la herramienta para articular el cambio. Uno no puede dejar de intuir un evidente cansancio (emocional, físico) por parte de unas personas que llevan toda su vida luchando contra las injusticias que les ha tocado vivir y no han conseguido cambiar todo lo que pretendían. El índice clasifica las entrevistas en cuatro bloques: La Rebelión, El Proletariado, La Guerra y La Democracia. Fijaos en el hilo conductor, comenzando con la Rebelión y acabando en La Democracia... una nada velada declaración de intenciones. Sin embargo yo clasificaría el libro en tres bloques de personas: los que fueron absorbidos por el sistema, los que fueron castigados por el sistema y los que siguen luchando contra el sistema (siempre dentro del mismo, los que están fuera pertenecerían al segundo grupo). Un mismo punto de partida, unos sentimientos e intenciones muy similares y múltiples finales, dependiendo del cómo, del dónde, de la intensidad de la protesta y de los métodos (violentos o no) empleados en la misma. Todo ello no sólo constituye una valiosa lección de historia, también podemos extrapolar ciertas trayectorias que nos ayudarán a intuir los derroteros que puede tomar el Movimiento 15M.



Sólo una última reflexión. El libro está repleto de nombres propios, de cabezas visibles que movieron a las masas. Quizá la mayor fortaleza del 15M sea su pluralidad, su falta de líderes, su carácter verdaderamente popular y abierto a todos los que deseen hacerse eco de su mensaje. Quizá suponga también la mayor debilidad y el mayor reto al que debe enfrentarse en un futuro cercano.

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