14/9/11

Radiant Silvergun


Lo prometido es deuda, ya tenemos el mítico shooter de Treasure en Xbox Live y me arranco con una mini reseña. No he jugado ni 15 minutos (que han dado para que me maten miles de veces) pero me basta y sobra porque el juego es un viejo conocido para mí gracias a los emuladores de Sega Saturn y M.A.M.E. Quizá debería extenderme y hacer un poco de espeleología prevía (desde luego la ocasión lo merece) pero mientras escribo estoy mirando de reojo al televisor porque he dejado el juego en pausa, así que por esta vez me vais a permitir ir al grano.


De todas formas es obligado hacer un par de apuntes previos antes de entrar en materia: Radiant Silvergun data de 1998 y fue lanzado para máquinas recreativas con posterior conversión pixel-perfect a Sega Saturn. El juego pertenece a aquella época tan lejana en la que Treasure no dejaba de sacar una maravilla detrás de otra. Este estudio era algo así como El Dorado de los videojuegos, facturando obras maestras de esas que dejaban con la boca abierta con una facilidad pasmosa. Me sorprende lo tremendamente ambiciosos que eran sus juegos, no sólo intentaron exprimir al límite las características técnicas de las consolas con las que trabajaban (es increible como estiraron a la vieja Mega Drive) sino que también pretendían ser rematadamente originales (algo que les paso factura en algunos proyectos malditos, si algún día hago un especial Treasure me extiendo más). Eso, como os digo, en su época dorada. Actualmente, y por desgracia, llevan mucho tiempo siendo la sombra de lo que fueron, relegados a licencias de segunda y condenados a romper uno de sus principios: no hacer secuelas de sus éxitos. O reediciones, como la que nos ocupa. No seré yo quien se queje de tener una conversión pixel-perfect de este juegazo ahora mismo en mi Xbox, pero no deja de ser una auténtica pena porque si algo necesitamos hoy en día en el mundillo es la arrolladora personalidad que en su día abanderaron compañías como esta o la otrora gloriosa Shiny.

Pero vamos a hablar ahora del juego en sí. Cualquier fan de los shoot 'em ups sabe que hay algunos puntales del género a los que no hay quien les tosa pero que sobre todos ellos se erige Radiant Silvergun. Hay bastante quorum entre el fandom en considerar este shooter como el exponente por antonomasia, el diamante en bruto más perfecto que ha dado el género de las navecitas. Y pese a que, en mi opinión, no lo considero el mejor shooter de todos los tiempos (prefiero, por ejemplo, Raystorm o el oscurísimo Soukyugurentai), si pienso que, objetivamente, es merecedor de toda la fama que arrastra. Por dos razones:

1.- Conjuga una serie de elementos como ningún otro. No tiene el mejor diseño, de hecho es un poco rara su propia disposición (es un shooter vertical en pantalla 4:3). No cuenta una historia interesante, ni se molesta y ni falta que le hace. No tiene la mejor banda sonora, ni el mejor plantel de enemigos, no tiene el carisma ni el magnetismo de otros. Es decir, no hay ningún elemento en la superficie, en su envoltorio, que destaque por encima de otros y desequilibre la balanza. ¿Dónde está el truco entonces? En la guinda del pastel:


2.- La nave. Para entender lo que significa Radiant Silvergun hay que centrarse en ella. Todo gira alrededor de la nave más versátil y salerosa que ha dado el género y que nos ofrece un mundo de posibilidades a golpe de pad. Hay una cosa que me hace gracia y es que, aunque sobre gustos no haya nada escrito, me parece bastante feucha, y aun así es imposible no caer rendido a sus pies tras unas cuantas partidas. Dentro de ese diseño rechoncho y nada estilizado se esconde un arsenal de primer nivel que define la personalidad del juego con firmeza y además aporta una originalidad que raras veces observamos en este género tan trillado.

El potencial destructivo de la Silvergun es impresionante. Al contrario de la mayoría de shooters aquí no hay power ups, tenemos todas las armas a nuestra disposición desde un principio. 7 tipos de disparo que abarcan la mayoría de opciones habituales en este tipo de juegos y que permiten fijar estratégias de todo tipo. Disparo rápido, lateral, teledirigido, trasero... incluso una espada con la que podemos evitar la mayor parte del fuego enemigo. Treasure redefine el género creando una nave que aporta una experiencia nunca antes vista, que dota al juego de una serie de capas y le aporta profundidad. Hay partes de bullet hell, de puzzle, de estrategia, de acción desenfrenada e incluso calculados combos en cuanto rascamos bajo la superficie, todo ello con un sistema de control y filosofía jugable impecables y una dificultad que aprieta pero no ahoga, que invita a explorar las posiblidades que ofrece el juego para conseguir el éxito. Como los más grandes, su leyenda se forja en el momento en el que esta nave supone la pieza principal de una jugabilidad a prueba de bombas. Eso, y sólo eso, es lo que justifica por sí sólo que a día de hoy siga arrastrando su bien merecida fama.

Radiant Silvegun posiblemente quisiera ser el shooter que relanzara al género al estrellato, la prueba de que las nuevas generaciones (en aquel entonces las 32 bit) podían albergar matamarcianos de primer nivel para todo tipo de jugadores. El problema es que el género llevaba décadas dando coletazos y pese a algunos exaltados como yo, su popularidad siempre ha sido la justa. Es una pena que tuviera compañeros de promoción que echaron toda la carne en el asador (R-Type Delta, Layer Section, Einhänder...) pero que poco pudieron hacer para garantizar una mayor presencia en el futuro.

¿La versión de Xbox 360? Excelente. Con el modo arcade de la recreativa y el modo historia de la Sega Saturn. Con unas cuantas opciones gráficas para maquillar, sin demasiado éxito, el paso de los años. Pero con la sensación de que estamos a los mandos de un mito, de una de esas muestras jugables por las que no pasan los años y que a día de hoy pueden decir orgullosas que no han sido superadas. Un juego que supone un puñetazo a la retrorotura, de hecho es pura retroafirmación. Algo peligroso para el tipo que escribe estas líneas y que piensa continuar su partida ahora mismo. Algo peligroso porque afianza todo aquello de que cualquier tiempo pasado fue mejor y esas milongas.


P.d: Debido a mi desinformación habitual y a mis reseñas al tuntún sin probar en profundidad las cosas de las que hablo, tampoco se si este mando finalmente salió en Japón. De todas formas, lo que quería decir: gran parte de mi exaltación viene porque he jugado con el arcade stick del Tekken 6 y la experiencia (pese a que el stick podría ser más preciso, algo que en un shooter es esencial) mejora mucho.

2 comentarios:

  1. Juego mítico! Yo me perdí la generación de los 32 bits en consolas y no pude disfrutar de este juego, pero he oído muchas cosas de él (y todas buenas) y además parece que todavía no ha sido superado.

    Reconozco que no he llegado a probarlo nunca. A ver si un día de estos lo pruebo :)

    (otra razón más para comprarme una 360... y van ya...)

    Un saludo!

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  2. Es mitiquísimo, está a las alturas de todas las espectativas que genera y se sigue conservando muy bien.

    Yo también me perdí las 32 bits pero gracias a la emulación creo que las recuperé con creces.

    Para mí este juego es motivo de comprarte una 360... no digo más. Esó sí, está emulado a la perfección, no te digo nada.

    Gracias por comentar! ;)

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