15/11/11

(the goddamn) Frank Miller


Es relativamente fácil situar el punto temporal en el que la cordura abandonó a Frank Miller. En 2001 se muda a la Cocina del Infierno, a la misma Cocina del Infierno en la que tanto hizo sufrir a Daredevil allá en los 80. Es difícil saber que pasa por la cabeza de alguien que decide irse a vivir a un área que, a tenor de cómo fue descrita en su obra, debe considerar como el estercolero moral de los Estados Unidos de América. Creo que el momento en el que algo hizo click ahí dentro fue el 11 de septiembre de ese mismo año, digamos que estar situado en un barrio tan cercano a la Zona Cero tuvo que afectarle especialmente. Porque a la obra de Miller, de la que soy fan a medias, pueden reconocérsele ciertos valores (estéticos, narrativos) justo hasta noviembre de ese mismo año, cuando inicia una espiral autodestructiva hacía no se sabe muy bien dónde. El delirio comienza con The Dark Knight Strikes Again (DK2), la esperada continuación de una de sus obras cumbre, su regreso tras el éxito de 300, el trabajo que vuelve a ponerle en el ojo del huracán y que finalmente resulta ser un completo desastre, una obra innecesaria, desganada y rota. DK2 inaugura un periodo de decadencia creativa en su carrera, obras que pretenden ser rompedoras siendo rabiosas y provocativas a la desesperada y que finalmente sólo causan la risa involuntaria, pues la rabia que imprime Miller es, más bien, una pataleta estúpida de niño de cinco años con ganas de llamar la atención. El propio trazo errático de Miller en DK2 y los colores que le pone su esposa son realmente de parvulario, el mensaje oculto entre líneas es que es el trabajo de un niño mimado y consentido por una industria que le presenta como un genio. La pena es que una obra tan mediocre pueda gozar de tanta repercusión y atención mediática.


DK2 es tan terrible, tan descomunalmente terrible, que hubiera arrollado la carrera de cualquier otro autor, pero Miller es fuerte, fuerte en el sentido mas nietzcheano de la palabra. No sólo la tontería vende millones y las críticas le resbalan, en un par de años llegarán las megaexitosas adaptaciones de Sin City y 300 y se crecerá más todavía. Se crecerá tanto que se atreverá a dirigir una adaptación cinematográfica de The Spirit asegurando que es el único capaz de respetar el legado de su buen amigo Eisner, para terminar restregando su ego por cada esquina de la producción, de manera que aquella obra maestra del pulp quede irreconocible sepultada bajo los escombros de su cansino estilo visual. En medio de esta explosión de creatividad descontrolada se le mete entre ceja y ceja que es Batman (el jodido Batman) quien debe acabar con Bin Laden y se enfanga con un proyecto que quiere sacar a toda cosa, quien sabe si por el bien de la Nación o como espinita revanchista de ese 11S que vivió tan cerca. DC, en un atisbo de lucidez, intenta distraerle encargándole All Star Batman and Robin, un muñequito para que el niño juegue y a ver si se calma, que termina convirtiéndose en uno de los cómics de superhéroes más ridículos e involuntariamente divertidos de los últimos tiempos. También se siente cómodo volviendo a su querido y filonazi Robocop, pero don erre que erre es de ideas fijas y al final se sale con la suya: sustituye el inicial Holy Terror, Batman! por Holy Terror a secas, se inventa un nuevo supertipo para acabar con toda Al Qaeda y yo diría que lo de la muerte de Bin Laden es un viral suyo para promocionarse, tales son sus santos cojones. De la hipnótica fascinación que me ha producido leer algo tan… como decirlo… inenarrable, si os parece hablamos otro día.

Y en estas estamos cuando hace unos días este señor de 56 años publica en su blog (en una entrada llamada Anarchy, toma rabia) que los manifestantes de Occupy Wall Street, es decir los indignados del otro lado del charco, son “(...) una panda de gamberros, ladrones y violadores (...)” (sic) entre otras líndezas, antes de emplazarlos a volver a casa de sus madres a seguir jugando al Lords of Warcraft o a alistarse en el ejército, a ver si hacen algo de provecho con sus vidas. Y la gente se extraña o se sorprende. Yo no. Porque lo ha dicho Frank Miller. El jodido Frank Miller.

3 comentarios:

  1. El tufillo facha de Miller ya se extiende desde hace tiempo, desde creo los guiones de Robocop, que me imagino el no se tomaba como algo de humor negro estilo Verhoeven, seguro que para el eran reales.

    Para mi Miller ya hace tiempo que se ha convertido en la Cannon Films del comic y la verdad tiene bastantes similitudes.

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  2. Tremendo lo del señor Miller. Ya no su apología fascistoide, sino los comentarios. Una brutal ración de la realidad económica de un pais de 300 millones de personas.

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