11/12/11

Acero Puro


Salgo de ver Acero Puro contaminado con un efecto halo que me ha hecho percibirla mucho mejor de lo que es. Voy a quitarme deprisa y corriendo todo lo evidente: es infantiloide y completamente previsible, poco más que un remake encubierto y hasta descarado de Yo el Halcón en versión robótica. No quiero hablar de Shawn Levy o del toque Spielberg porque podéis leer eso en cualquier otra parte. Sí, el papanatas encargado de Noche en el Museo dirige esto y sí, hay un aroma Spielberg (a proyecto descartado en concreto) rondando por el ambiente que es determinante para el resultado final. Pero da exactamente igual, es absurdo buscar toques de autoría en un producto que podría haber facturado cualquier otro. En manos de otros directores más capaces, con más personalidad, el resultado habría sido distinto, quizá más interesante pero no necesariamente mejor tal y como está planteado el tono de la película.

A partir de aquí mi fascinación absoluta, porque desde esos trailers con esos robots TAN bien hechos estaba deseando verla y no me ha decepcionado ni una pizquita. Pese a todo he entrado en la sala con reservas porque me llevé un palo tan grande con Transformers 2 (un palo existencial, me hizo preguntarme cómo podía aburrirme tanto una película con robots gigantes...) que el resultado final podía ser cualquier cosa. Afortunadamente aquí hay mucha más consistencia y de hecho cómo blockbuster no sólo es modélica (en lo bueno y en malo), si no que tiene suficientes apuntes de interés cómo para que me esté devanando los sesos con este post intentando encontrar qué tiene exactamente para que me haya gustado tanto. Para que haya salido del cine con los brazos en alto, más concretamente.


Quizá la respuesta la sepa de antemano porque a mí es muy fácil ganarme con un puñado de guiños y con mechas increíblemente bien hechos dándose de hostias. Diría más, unos robots gigantes partiéndose los circuitos es exactamente la idea que tengo de pasarlo bien, ya sea en un cine o en la vida real. De esta manera si el conjunto lo aliñas con un Hugh Jackman resultón, con un niño protagonista que no es demasiado cargante y con un tono simpático y un tanto tontaina de película-de-superación-ochentera, a mí me vale para echar la tarde. Pero hay un par de cosas más que se asoman tímidamente entre los engranajes, lo justo para no perturbar el espectáculo y que se derive al drama social, que me han llamado la atención. Hay una lectura del deporte profesional como mera corruptela capitalista, puesto que ya sea fútbol, baloncesto, Fórmula 1 o peleas de robots, quienes ganan siempre y manejan el cotarro son los más poderosos económicamente hablando. Ese mensaje tan sobadísimo me ha hecho especial gracia hoy, que he decidido ir a ver la película como plan de contingencia para huir de otro cansino Madrid-Barça. Y unido a esto está la lucha de clases como verdadera excusa y telón de fondo de la trama, como el objetivo último que sirve para unir al padre y al hijo. El robot de los pobres, salido de un vertedero, contra el robot de los ricos. El afán de superación contra el vil metal, el alma contra el mercantilismo, etcetera, etcetera. En algún momento de la película denominan al metálico protagonista "El robot del pueblo", y en vez de coger y salirme de la sala me hizo hasta gracia. ¡Ahí está la clave! Un mensaje tan inocente no puede más que formar parte de un cuento para niños y es precisamente en ese estado cuando Acero Puro no engaña a nadie. Ya debería haberlo sospechado viendo los trailers que acompañaron la proyección (la insoportable nueva película de Alvin y las ardillas, ¡Copito de nieve!) y con la sala repleta de niños (que se revolvían en sus butacas y se ponían a consultar sus móviles en todas las escenas que no fueran de hostias. Es cierto que 2 horas de metraje es mucho aunque tampoco hay bajones terribles de ritmo).


En mi caso he disfrutado Acero Puro conectando con el niño interior porque es una película diseñada para el pequeño Mr. Forfy de 10 años que llevo dentro. Al recuperar esa tradición de niño controlando a un robot gigante me ha recordado a Tetsujin 28 (Iron Man 28 cuando la emitió Antena 3) que era una serie que me encantaba, y todo el tema de las peleas clandestinas, a esas tardes que me pasaba construyendo robots por piezas para el One Must Fall 2097. Si uno se deja llevar lo suficiente, tanto como pasar por alto que hay detalles realmente interesantes que no se aprovechan (¿el robot está vivo? bajo el punto de vista de un adulto NO, y la película lo deja claro, pero... ¿y bajo el punto de vista de un niño?) la maquinaria del blockbuster funciona con precisión. Yo lo pasé como un enano, que es justo como debe uno afrontar y sentir esta propuesta.

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